lo principal es ser conscientes del uso que le vamos a dar, cuál es nuestro objetivo a medio-largo plazo y no dejarnos guiar por caprichos o impulsos. Elegido el tipo de bicicleta deseada —de carretera, de monte, de gravel, etc.—, nuestra segunda disyuntiva es valorar el objetivo que perseguimos y la asiduidad de uso, sopesando si vamos a destinar nuestra bici a un uso recreativo o la vamos a destinar a la competición.
Si nos decidimos por una bici de carretera hay que saber que se ofrecen con geometrías variadas. La elección de las mismas está relacionada con aspectos tales como la disciplina del ciclista, sus objetivos y sus características físicas. Todas ellas determinarán la agresividad del cuadro y la posible adaptación del ciclista. Hay que tener en cuenta que la geometría de una bicicleta se puede ‘modificar’ cambiando algunos componentes, pero no se puede cambiar. Por tanto, su correcta elección será importante para evitar problemas posteriores como una mala adaptación o la imposibilidad de ajustar la bicicleta a las medidas necesarias para el ciclista.
Si optamos por una bici de montaña, de las diseñadas para rodar por pistas y senderos, cabe señalar que entre ellas existen de diferentes tipos, si bien las más utilizadas son del género ‘cross-country’ (XC) o ‘trail’, ya que ofrecen unas geometrías más relajadas y su uso es el más extendido en la iniciación. Pueden ser rígidas (sin suspensión) o bien de suspensión delantera o de suspensión doble.
¿Cómo poner la bicicleta a mi medida?
Si bien no existe un ajuste que sirva para todos los ciclistas, existen algunos tipos que podemos seguir para ajustar una bicicleta a nuestra medida de forma genérica, tanto al comprar una bicicleta nueva como al utilizar una bicicleta que no es la nuestra. Es importante tener en cuenta que estos consejos son generales y que siempre que se requiera un posicionamiento específico y personalizado será imprescindible realizar un estudio biomecánico. Antes de empezar a hacer cualquier modificación en tu bicicleta asegúrate de que esté colocada sobre una superficie plana y nivelada, y de que dispones de la herramienta necesaria para hacer los ajustes.
Calzado y colocación de las calas
En caso de utilizar pedales clásicos o con rastrales no será necesario llevar un calzado específico ni ajustar el pedal. Con adaptar el calzado al terreno por el que vamos a rodar sería suficiente. Si utilizamos pedales automáticos será necesario comprar calzado específico para ciclismo y colocar adecuadamente las calas. Existen diferentes tipos de calas que se acoplan a su pedal correspondiente, por lo que es importante fijarse en este detalle y elegir las calas correctas para nuestros pedales, siendo habitual que en la misma tienda en la que adquieres el calzado y las calas te las coloquen.
A rasgos generales la cala debe ir colocada entre el primer metacarpiano o final del dedo gordo del pie (zona del juanete) y el quinto metacarpiano o final del dedo pequeño del pie. La cala no debe quedar ni excesivamente adelantada ni retrasada; deberemos sentir el apoyo en la zona metatarsal. También será necesario fijarse en la posición de nuestros talones, ya que estos no deben estar ni demasiado cerrados ni demasiado abiertos. El ajuste de las calas, al igual que el posicionamiento sobre la bicicleta, será específico de cada ciclista en base a sus características físicas.
Elección del sillín
Existen tantos sillines diferentes en el mercado como personas. Lo ideal a la hora de adquirir un sillín sería poder probarlo previamente, pero no siempre es posible. El tipo de sillín adecuado dependerá de nuestra fisonomía, de la modalidad que practiquemos y de nuestra posición sobre la bicicleta por lo que es complicado aconsejar un sillín sin conocer al ciclista. Lo más aconsejable es consultarlo con nuestro biomecánico y si no es posible acudir a nuestra tienda de confianza, ver los modelos disponibles y dejarnos asesorar. Es importante, al sentarnos sobre el sillín, que seamos conscientes de que nuestros isquiones, es decir los huesitos del culo, estén bien apoyados sobre él. No deben quedar fuera del mismo ni sentir que el sillín se nos hunde entre los mismos.
La posición sobre la bicicleta es esencial JOSÉ MIGUEL LLANO
Altura del sillín
Existen diferentes teorías a la hora de concretar la altura a la que debe colocarse el sillín. La fórmula habitualmente más utilizada consiste en multiplicar la altura de la entrepierna del ciclista por el coeficiente 0.885. El resultado nos indicará la altura aproximada a la que debe situarse el sillín, expresada en centímetros. Para calcular la longitud de la entrepierna, es necesario colocarse de pie, descalzo y con los pies algo separados; y así medir la distancia que hay desde nuestro periné hasta el suelo. La altura del sillín obtenida corresponderá a la distancia desde el centro del eje pedalier al centro del sillín, aproximadamente allá donde el sillín tiene 7 centímetros de ancho.
Como norma general podemos identificar una serie de “síntomas” de que nuestro sillín está demasiado alto: sentir dolor en la zona del periné; exceso de oscilación de la cadera hacia los lados al pedalear; dolor en la zona posterior de la rodilla y sensación de dificultad para llegar abajo al pedalear, notando un punteo excesivo de nuestros pies. Por el contrario, los signos de que cabalgamos un sillín demasiado bajo son: dolor en zona anterior de la rodilla; dolor lumbar y la aparición de sobrecarga y fatiga muscular excesiva.
Inclinación del sillín
Es habitual no prestarle atención a la inclinación del sillín y es un aspecto que suele generar molestias y problemas habituales en los ciclistas. El sillín debe tener una inclinación neutra para ofrecernos estabilidad y un correcto reparto del peso en los isquiones. La forma más fácil de saber si el sillín tiene una inclinación adecuada es utilizando un nivel de burbuja. Al hacerlo, hay que colocar el nivel en la zona media del sillín, ya que dependiendo de la forma del sillín puede dar lugar a engaño.
Para saber si nuestro sillín da signos en ‘positivo’ es decir si presenta su punta hacia arriba es conocer si notamos hiperpresión en la zona perineal y/o sentimos molestias en la zona lumbar. Por el contrario, un sillín en ‘negativo’, con su punta hacia abajo, nos dará la sensación de ‘caerse’ hacia delante acompañada de un exceso de carga de peso en los brazos.
Retroceso del sillín
El retroceso del sillín es el avance del mismo hacia delante o hacia detrás en relación con el eje pedalier. Previamente a determinar dicho retroceso será importante ajustar la altura del sillín. Si hacemos caso a la teoría, al colocar el retroceso en la posición adecuada y colocar las bielas paralelas al suelo; nuestra rodilla debería quedar alineada verticalmente con la mitad del pedal.
Vamos con los signos de ayuda. Si nuestro sillín está demasiado retrasado tendremos la sensación de no llegar adecuadamente al manillar (ir largo); sufriremos dolor lumbar y mostraremos un pedaleo deficiente. En el extremo contrario, un sillín demasiado adelantado nos causará dolor en la rodilla; necesidad constante de recolocarnos más atrás en el sillín y la evidente sensación de tener el manillar demasiado cercano.
Altura del manillar
La altura del manillar es un factor que influye directamente en la comodidad y también dependerá de la altura del sillín. Lo habitual es que haya una diferencia entre la altura del sillín y la altura del manillar; es decir que el manillar este colocado más alto o más bajo que el sillín. Es difícil concretar cual debe ser su altura de forma general, y lo más fácil es ir testeando y viendo cuales son nuestras sensaciones al salir en bicicleta. Debemos tener en cuenta que una adecuada altura del manillar debe permitirnos una flexión de tronco de unos 45º respecto a la horizontal, y un reparto de peso adecuado entre el sillín y nuestros brazos.
El manillar más alto que el sillín nos ofrece una posición más cómoda y menos exigente para la espalda, con una menor carga de peso sobre los brazos-manos y un mejor manejo de la bicicleta en las bajadas por lo que suele ser la elección en ciclistas que se inician en la actividad o con poca experiencia.
Pruebas sobre un sillín JOSÉ MIGUEL LLANO
Un manillar más bajo que el sillín, de forma general nos ofrece una posición más aerodinámica y competitiva, y un mejor manejo de la bicicleta en las cuestas arriba. Otra vez más vamos con los signos de ayuda. Manillar demasiado alto: dolor lumbar y sobrecarga en los brazos. Manillar demasiado bajo: sensación de exceso de carga de peso en los brazos; adormecimiento de las manos y dolor cervical y/o dorsal.
Distancia del manillar
Al estar colocados sobre el sillín deberíamos llegar bien al manillar y sobre todo a las manetas de los frenos, de forma cómoda, sin tener que forzar la espalda ni estirar en exceso los brazos. La distancia entre el sillín y el manillar puede variar modificando la longitud de la potencia y el retroceso del sillín. Los signos de que nuestro manillar está demasiado alejado son: mal alcance del manillar y de las manetas de freno; molestias en zona cervical, dorsal o lumbar por posición demasiado estirada. Por el contrario, los signos de un manillar demasiado cercano son: las molestias en hombros y brazos; y el riesgo de tocar el manillar con la rodilla al pedalear de pie.


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