La París-Roubaix aprieta los últimos tornillos del recorrido antes de levantar el telón este fin de semana. El ‘Infierno del Norte’ ya enseña los dientes, también en la versión femenina, con sus temidos tramos de pavés listos para dictar sentencia.
Como marca la tradición, la organización mostró este martes el estado de los adoquines en redes sociales. Entre ellos, el punto en el que perdió la vida Michael Goolaerts tras una caída en 2018, un recuerdo que sigue presente en cada paso por ese sector.
En ese mapa de piedras sobresale el Bosque de Arenberg, primer juez serio de la jornada. Uno de los tres tramos de cinco estrellas, territorio donde la carrera suele romperse y los favoritos enseñan las cartas. Allí, donde el pelotón entra lanzado y sale hecho jirones, hay unos guardianes poco habituales.
Son cabras. Ellas se encargan de limpiar la hierba que asoma entre los adoquines y dejar el pavés listo para el paso de los corredores. La organización jugó con el guiño y el término ‘goat’ -acrónimo de ‘los más grandes de todos los tiempos’ (Greatest of All Time)- para bromear con la presencia de Tadej Pogacar, Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert: “Nos hemos encontrado a Tadej Pogacar, Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert en Arenberg”.
Adoquines listos para el gran duelo
La carrera también enseñó el trabajo más artesanal, con los más pequeños ayudando a recolocar piedras en los sectores dañados. Y puso el foco en otro punto caliente: el Carrefour de l’Arbre, último tramo de cinco estrellas junto a Arenberg y Mons-en-Pévèle, escenario clásico donde se abrocha la victoria o se escapa para siempre. Allí, entre polvo, baches y piernas al límite, volverán a cruzarse Pogacar y Van der Poel, con permiso de otras ‘cabras’ que quieren reventar la historia.

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